En la última columna, no tenía espacio para terminar respondiendo a la pregunta de un caballero que dice: “Me casé hace algunos años, pero mi matrimonio sólo duró un año. Luego estuve viviendo con otra mujer quien me dio dos hijos, pero por la infidelidad de ella, nos separamos. Ahora me he convertido al cristianismo, pero la tentación en el área sexual es muy fuerte. No sé si debo casarme después de tener dos fracasos en el pasado. Quiero su consejo”.
Le contesté diciéndole, primero, que consiga en cualquier librería cristiana el libro que yo he escrito titulado “Sexo y Juventud”. Segundo, le dije que debe comprender la emoción que se experimenta al vencer la tentación, y que ahora que él tiene a Cristo en su corazón, puede vencer la tentación.
Ahora, la pregunta clave de este caballero es ésta: ¿Debo o no casarme otra vez después de tener dos fracasos en el pasado? sobre todo porque tiene grandes tentaciones en el área sexual.
Mi estimado caballero, ahora que usted es de Cristo, la respuesta quizá parezca demasiado sencilla: Dios le va a indicar a usted si debe casarse o no, y con quién ha de casarse. Sus dos matrimonios anteriores ocurrieron según su carta antes que usted conociera a Cristo en forma personal. Esos fracasos están perdonados y borrados desde aquel momento en que usted se arrepintió, le abrió su vida a Jesucristo y lo recibió en su corazón como su Salvador personal. 1 Juan capítulo l dice:
“Pero si confesamos nuestros pecados a Dios podemos estar seguros de que ha de perdonarnos y limpiarnos de toda maldad, pues para eso murió Cristo”.
Si todos nuestros pecados no estuvieran perdonados, entonces el cristianismo no tendría nada que ofrecernos a nosotros como hombres caídos de una raza pecadora; pero sí está todo perdonado.
En el libro de Romanos capítulo 8 hay una promesa que es muy veraz. Dice:
“Además, sabemos que si amamos a Dios y nos adaptamos a sus planes, todo ...