Tengo un serio complejo de inferioridad. Me avergüenza conversar con la gente y me desprecio a mí misma. Todos parecen ser mejores y superiores. ¿Son señal de humildad los complejos de inferioridad? ¿Cómo hago para librarme de este horrible complejo? Estoy preocupada y confundida.
Respuesta:
No, señorita, los complejos de inferioridad no son señal de humildad. Al contrario, generalmente son resultado de la excesiva preocupación por el yo. Los complejos de inferioridad son, en términos generales, el resultado de creer y aceptar los comentarios negativos que otros hacen de nosotros. A veces también resultan como consecuencia de frustraciones que hemos tenido desde la niñez, frustraciones que hemos sido incapaces de corregir. Todas estas cargas negativas nos hacen introvertidos y acomplejados. Por lo tanto, los complejos de inferioridad son señal más bien de egocentrismo, que a su vez es la raíz del orgullo no controlado.
No me sorprende que usted esté preocupada y confundida. Cualquiera que vive con los ojos puestos en el yo, en sí mismo, indefectiblemente estará confundido y perplejo. El corazón humano está cargado de contradicciones inexplicables, por eso los sicólogos aconsejan transferir nuestras fijaciones del yo a otra persona u objeto. Sin embargo, esto es imposible sin una operación transformadora en el alma, una operación que se llama el "renacer", la regeneración espiritual.
Los complejos de inferioridad no se quitan por un mero esfuerzo de la voluntad; se quitan cambiando la manera de pensar. Al pensar positivamente uno puede liberarse de ciertos aspectos de un complejo, pero es necesario someterse a una operación íntima, personal, espiritual del alma. ¿Sabe quién puede hacer esa operación? Únicamente Jesucristo.
La Biblia dice en Hebreos capítulo 12: "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe".
Cuando nuestros ojos están puestos sobre Jesús, y no sobre nosotros mismos, ...