No puedo controlar mi lengua

Sr. Palau:

¿Qué hago para controlar mi lengua? He destruido muchas amistades. La gente no confía en mí, pero no puedo controlarme. Por favor, ayúdeme.

Respuesta:

La Biblia, en el capítulo 3 de Santiago, nos dice:

“Hermanos míos, no debe haber entre ustedes muchos que se hagan maestros, pues ya saben que a los que enseñamos se nos juzgará más severamente. Todos cometemos muchos errores, y si alguno no comete ningún error en lo que dice, es un hombre perfecto que sabe también poner freno a todo su cuerpo. Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, podemos manejar así todo su cuerpo. Fíjense también en los barcos, aunque son tan grandes, y los vientos que los empujan son fuertes, el piloto los maneja con un pequeño timón por donde él quiere. Así también con la lengua; es una parte muy pequeña del cuerpo pero se cree capaz de muchas cosas grandes. ¡Qué bosque tan grande puede quemarse por un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo. La lengua está encendida por el infierno mismo y a su vez hace arder todo el curso de la vida. El hombre puede amansar toda clase de fieras, aves, serpientes y animales del mar y los ha amansado, pero nadie puede amansar la lengua. Es un mal que no se deja dominar y está llena de veneno que mata. Con esta misma lengua alabamos a nuestro Dios y Padre y maldecimos a los hombres que Dios ha hecho a su propia imagen. De la misma boca salen alabanzas y maldiciones. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso de un mismo manantial puede a la vez salir agua dulce y agua amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso una higuera dar aceitunas? ¿o puede una planta de uvas dar higos? Pues tampoco puede un mismo manantial dar a la vez agua salada y agua dulce”.

Santiago nos está diciendo en realidad, que la lengua es una expresión del corazón. “Como el hombre piensa en su corazón, tal es él”, decía ...


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