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Disciplinas libertadoras


Una personalidad transparente


Cuando mis cuatro hijos aún eran niños, oí una historia que me conmovió mucho y que me movió a hablar con ellos para que me perdonaran ciertas cosas que yo hubiera hecho. No voy a relatar la historia que oí pero lo que hice con mis hijos, sí.

Después de haber escuchado aquella historia, regresé a mi casa decidido a aclarar cualquier sombra o nube que pudiera haber entre mis hijos y yo.Cuando llegué a mi casa y le dije a mi hijo mayor:
?¿Kevin, hay algo que te he prometido, ya sea este año o en toda tu vida, que no he cumplido contigo?
Kevin me miró a la cara y enseguida me dijo:
?Sí, papá, hace dos años tú habías prometido que nos ibas a regalar una ametralladora de juguete para la Navidad y no nos la diste.
Entonces yo estaba conmovido y le dije:
?Kevin, por favor perdóname, hice mal en prometerte y no cumplir. Esta misma tarde iremos a una tienda a comprar esa ametralladora de juguete que te prometí. Aunque, a decir verdad, no debiera haber prometido porque no estoy muy a favor de jugar con armas.

A los pocos minutos aparece su hermano mellizo y le pregunté:
?¿Dime, hay alguna promesa que te he hecho o hay algo que te he dicho que te ha dolido o alguna promesa que no he cumplido que debiera aclarar?
Y Keith que no había oído la conversación con su mellizo me dijo enseguida:
?Sí, papá, la Navidad antepasada nos prometiste una ametralladora de juguete a Kevin y a mí y no la compraste.
?Bueno ?le dije?, por favor perdóname por esto y esta misma tarde compraremos lo que les prometí.

Luego llamé a mi tercer hijo, Andrés, quien ahora es evangelista, y le pregunté lo mismo. Él me miró y me dijo: «No papá, no recuerdo nada». Así terminó la cosa.

Pero de repente me di cuenta de que mi segundo hijo tenía algo, me miraba un poquito de reojo. Yo había notado que en los últimos meses nunca encontraba con este hijo mío el nivel de cercanía y de intimidad que siempre solía tener en mi relación con ...

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